Aprender a Pensar

Repensar la Educación

Manuel Molano

Desde mi cubeta

El domingo pasado, consciente de que tenía que escribir la primera entrada para este blog que ahora nos ocupa, decidí acabar con ese “tengo que”, que en ocasiones es más estresante que la tarea en sí, y ponerme a ello. Así que escribí mi entrada. Mejor dicho, La Entrada, la mejor entrada que se podría haber escrito jamás.
Sorprendido de la facilidad con la que me desenvolvía,  llegué a plantearme si no estaba desperdiciando mi vida con cosas que en absoluto se me daban tan bien como lo de escribir entradas. Igual debería ser entradista…
Pero entonces llegó el día en que intenté subir La Entrada al blog y me asusté al ver que la carpeta con el práctico nombre ‘Entradas para el blog’, estaba vacía. ¿Seguro que ya la había escrito? Pero sí, yo había escrito la entrada, la mejor entrada de la historia. Aunque después de utilizar el buscador del ordenador cincuenta veces, ya no estaba tan seguro.
¿Y si sólo había soñado que la escribía? O peor, ¿y si sólo había pensado en hacerlo? Y entonces, ¿cómo voy a vivir si no puedo distinguir entre lo que he hecho y lo que he pensado hacer? ¿He pagado el recibo del gas? ¿Me he lavado los dientes? ¿Me he tomado la medicación? Esta última pregunta produjo un pequeño clic en mi cerebro pero pronto se produjo un clac en alguna otra parte y perdí el hilo.
Caí entonces en una angustia atroz, que me obligó a repasar todo lo que había hecho e iba haciendo. El hecho de no poder estar seguro de haber repasado lo que había pensado repasar me paralizó por completo…

¿Está usted seguro de que su cerebro no le engaña?

Bueno, aquí se abren dos posibilidades:
La primera, la más conocida, es la de “El cerebro en una cubeta”: el hecho de que ninguno de nosotros puede estar seguro de que lo que percibimos, lo que vemos, olemos, oímos, tocamos… no son simplemente impulsos eléctricos enviados a nuestro cerebro por un ordenador que a su vez procesa nuestra respuesta y cambia las sensaciones que nos trasmite en consecuencia.
Y en realidad, si esto fuese así a día de hoy, no podríamos hacer demasiado al respecto. Pero el caso es que no estamos tan lejos de que pueda ser así el día de mañana: en un estudio realizado hace ya casi 20 años en el Departamento de Neurobiología de la Universidad de Stanford, en California, William T. Newsome y su grupo consiguieron generar de forma artificial percepciones visuales de movimiento en animales de experimentación. La base teórica del experimento es muy sencilla. Confiamos ciegamente en lo que vemos a pesar de que nuestro cerebro no tiene acceso directo al mundo visual que nos rodea. Lo cierto es que, como en la paradoja del cerebro en una cubeta, lo (re)construye a partir de un “código” de impulsos eléctricos que viajan desde nuestros ojos, a través de los tres millones de fibras que forman el nervio óptico, hacia la corteza cerebral. Y es ahí, en la corteza, donde se encuentran las células, las neuronas, responsables de nuestra percepción visual. Las responsables de que veamos el color rojo, el movimiento hacia la izquierda, el vuelo de una mariposa, la luz del día, la cara de la persona amada… Bill Newsome se planteó que si conseguía localizar en el cerebro de sus sujetos experimentales las células responsables de la percepción de que algo se mueve hacia la izquierda, al estimularlas eléctricamente de forma directa, es decir, sin que la información pasase antes por los ojos, la escena visual contemplada debería desplazarse de forma artificial en esa dirección. Y eso exactamente es lo que demostraron sus experimentos. Por primera vez se había demostrado la creación de una sensación de forma totalmente artificial, por microestimulación cerebral. Fue, probablemente, el primer paso serio hacia las prótesis cerebrales. Y fue, también, uno más de los múltiples intentos de meter al cerebro en una cubeta.
Aunque mucho más simple, otro ejemplo curioso y más fácil de entender es el siguiente: después de colocarle un electrodo en el tendón del bíceps, se pide al sujeto que se toque la nariz con el dedo índice y cierre los ojos. Entonces se le aplican impulsos eléctricos con el electrodo y se le pregunta qué siente: “me está creciendo la nariz”.
El por qué de la “pinnochio illusion” es que la estimulación eléctrica del tendón del bíceps hace creer al sujeto que su brazo está extendido. Como además se está tocando la nariz con el dedo índice, la única solución posible es que su nariz mida más de medio metro.
Aunque muy lejos de la tecnología que se necesitaría para coger nuestro cerebro mientras dormimos, meterlo en una palangana, conectarle algunos electrodos (cosa que ya se hace con algunos mamíferos) y que al despertar no notásemos el cambio, la idea está ahí. No parece tan difícil que, en un futuro próximo, los ordenadores se vuelvan contra nosotros y nos cultiven como si fuéramos maíz, o incluso que los propios hombres se dediquen a cultivarse unos a otros. O incluso, podría llegar el día en el que pidamos por favor que nos conecten unos cuantos electrodos, para poder vivir en un mundo con aire limpio y agua potable que nos ayude a olvidar el de verdad.
Luis M. Martínez Otero y Manuel Molano Mazón


escrito el 15 de marzo de 2009 por en General

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5 Comentarios en Desde mi cubeta

  1. Borja Quiroga Maceda | 10-06-2009 a las 10:57 | Denunciar Comentario
    1

    En mi opinion creo que las decisiones las tomamos nosotros por lo que creo que lo que exponéis no influye porque cuando vamos hacer una cosa ya la sabemos con mucha antelacion.
    En primer lugar nosotros si vamos a cometer un atraco un asesinato o algo por el estilo dias, meses antes aunque despues de cometerlo nos arrepintamos.
    En segundo lugar cometemos aciones sabiendo que nos van a perjudicar mucho como por ejemplo subir una montaña de gran altura en la que se nos pueden congelar las extremidades o partes enteras del cuerpo.
    Para finalizar nosotros siempre somos conscientes de lo que hacemos aunque sepamos que nos pueda llevar por malos caminos por ejemplo las drogas.
    En conclusion, yo creo que nosotros podemos controlar nuestras acciones

  2. Andrea Lois Díaz 1ºbac B | 12-06-2009 a las 14:09 | Denunciar Comentario
    2

    En mi opinion,creo que Martínez Otero y Molano Mazón se hacen preguntas que nadie se hace casi nunca. Estas son debidas a que nuestros actos dominan sobre nosotros y pensamos las cosas en el momento realizandolas sin más y sin saber el porqué.

    Por una parte,porque alguna vez no nos preguntamos porque lo hacemos?la causa de esto creo que es que actuamos con la razón y en ese preciso momento.

    Por otra parte,nuestros actos la mayoría de las veces son involuntarios,no somos capaces de dominar sobre nuestro cerebro si no,que es é el que domina sobre nosotros.

    Para concluir, podemos decir que nunca podremos hacer nada sin estar controlados por nuestro cerebro

  3. Simón Rey | 20-06-2009 a las 19:56 | Denunciar Comentario
    3

    Mi duda es: ¿cabe decir que somos nosotros sin nuestro cerebro? Si pierdo una pierna está claro: yo he perdido la pierna y no mi pierna a mí. Pero en el caso del cerebro, ¿puede decirse que lo que llamamos “yo” se da sin mi cerebro? Si mi cerebro es transportado a otro cuerpo, ¿dónde estoy yo?
    Muy buena entrada. Un saludo.

  4. mmolano | 23-06-2009 a las 12:10 | Denunciar Comentario
    4

    Hola Simón,

    Bueno, yo diría que tú sin tu cuerpo sigues siendo tú, pero tú sin tu cerebro sólo eres un cuerpo. La pregunta sería: si algún desalmado se pusiese a quitarnos poco a poco distintas partes del cerebro, ¿cuándo dejaríamos de ser nosotros?
    Si nos quitase la parte occipital y nos privase por tanto de la vista, nadie diría que ya no somos nosotros. Seríamos nosotros pero ciegos. Si nos quitase el Área de Brocca en la que reside la capacidad del habla, seguiríamos siendo quienes somos, pero más callados…
    Existe un caso en el que la cosa ya no está tan clara. Phineas Gage era un obrero de ferrocarriles responsable y emprendedor que llegó a capataz de la empresa en la que trabajaba cuando todavía era muy joven. El 13 de septiembre de 1948, cuando estaba trabajando en las afueras de Cavendish (Vermont), sufrió un accidente que debería haberlo matado: una barra de metal de 1 metro de largo y más de 3 centímetros de diámetro le atravesó el cráneo desde la mejilla izquierda hasta la parte superior de la cabeza.
    Pero no murió. Eso sí, perdió la corteza prefrontal, donde residen la mayoría de las funciones cognitivas superiores como la capacidad de planificación y la empatía. Phineas seguía siendo Phineas, ¿quién si no iba a ser? Lo que pasa es que era otro Phineas, un tipo pendenciero al que le gustaba salir todas las noches y no le apetecía demasiado trabajar…Y nunca volvió a ser el mismo, como tantos otros dejan de ser los mismos después de sufrir una lesión cerebral debida a un accidente o a un problema cerebro vascular, o incluso cuando pasan por una experiencia traumática.
    De todas formas, yo diría que no vuelven a ser los mismos, pero siguen siendo ellos. Como dijo Ortega y Gasset, somos nosotros y nuestras circunstancias, aunque estas incluyan barras de hierro clavadas en la cabeza…

  5. carmen | 11-07-2009 a las 14:56 | Denunciar Comentario
    5

    bueno, no se trata de lo que planificamos, se trata de lo que vamos a realizar si ya se hizo o no, si nuestro recuerdo no nos falla???
    entendido?

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