Aprender a Pensar

Repensar la Educación

Manuel Molano

El Arte es una droga

Terminamos la entrada anterior de una forma un tanto enigmática y amenazando con revelar el “significado” del Arte, o al menos su valor biológico real. Incluso corriendo el riesgo de ganarnos un puesto de honor vitalicio en la galería de los aguafiestas hemos decidido seguir adelante y plantear una solución para todas las preguntas que habíamos dejado sin respuesta. ¿Podemos encontrar un significado biológico al Arte, más allá de sus implicaciones simbólicas? ¿Puede cualquier imagen llegar a considerarse Arte? ¿Por qué el Arte nos produce placer? ¿Sentimos realmente una necesidad física de producir Arte? ¿De ver Arte?
Ver es en el fondo una actividad intelectual compleja y, como tal, tiene un fin. Ver, nuestra visión consciente de una escena, culmina cuando la información que extrae nuestro sistema visual llega a las zonas de asociación de la corteza temporal del cerebro y genera vínculos íntimos y precisos con la información que está almacenada en nuestra memoria. Al depender nuestra comprensión visual del mundo de nuestra capacidad de generar asociaciones, Ver se convierte en un proceso altamente creativo, muy costoso, y que, por lo tanto, ha de primar sobre otros procesos cerebrales. Una forma de conseguirlo podría ser asociar al acto último de reconocimiento visual con una recompensa en forma de placer, como ha sugerido recientemente el profesor Irving Biederman, de la Universidad del Sur de California. En las últimas décadas hemos descubierto que el cerebro está, de hecho, perfectamente diseñado para ello. La sensación de placer depende de la actividad de unos mensajeros químicos, unos neurotransmisores denominados genéricamente endorfinas, que son análogos de los derivados del opio, como la morfina, cuyo principio activo se extrae de las amapolas. Si representamos en un esquema del cerebro (como el de más abajo) dónde se localiza un tipo muy particular de receptores específicos para estos neurotransmisores, los receptores mu, veremos que se distribuyen en un gradiente que incrementa su densidad a lo largo de la vía visual ventral, que es la responsable del reconocimiento de los objetos presentes en una escena.
cerebro
Esta distribución es muy difusa en las áreas visuales primarias, donde se realiza un análisis primitivo y local de la imagen en función de la orientación, textura y color de los contornos de los objetos. Las áreas intermedias de la vía que integran información local para reconstruir objetos individuales tienen un mayor número de receptores. Pero sólo se alcanza su pico máximo de densidad al final de la vía, en las zonas asociativas de la corteza temporal (denominadas rhinal, parahippocampal y CoS en la figura), donde esta información visual sobre los objetos presentes en la escena se relaciona con nuestra memoria. El Arte, al utilizar estrategias como las mencionadas anteriormente, maximiza la eficacia del proceso de generación de asociaciones en la corteza temporal. Y lo hace porque presenta sólo la información relevante de una escena, desprendiéndose de la superflua.
Por ello, si Ver produce placer, ver Arte maximiza ese placer. Stendhal lo experimentó en primera persona. En su viaje a Florencia, y tras visitar la Galleria degli Uffizi, que alberga una de las más importantes colecciones de Arte del mundo, sufrió una fuerte conmoción, con incremento de la frecuencia cardíaca, mareos y alucinaciones. Muchos de estos síntomas son comunes a una sobredosis de opiáceos. Son los síntomas que sufren cientos de visitantes de los Uffizi. Es el Síndrome de Stendhal, descrito a finales del siglo pasado por la psiquiatra florentina Graziella Magherini y que afecta también a personas que observan paisajes naturales de una belleza abrumadora.
Arte, Arte visual al menos, es, desde un punto de vista puramente biológico, todo aquello que saque el máximo partido del funcionamiento de nuestro sistema visual. Si los movimientos más relevantes en la historia de la pintura, como el impresionismo, el cubismo o la abstracción, todos se basan en alguna propiedad funcional de nuestro sistema visual, en alguna de las estrategias que éste utiliza para comprender el mundo, ¿sería entonces posible predecir la próxima tendencia?, ¿estará esta tendencia basada en otra propiedad del sistema visual todavía por descubrir?, ¿estará basada en una propiedad ya descubiertas por los científicos pero todavía no explotada plenamente por los artistas? Es difícil predecir lo que nos depara el futuro en cuestión de tendencias artísticas. Nosotros, por si acaso, seguiremos su evolución con la máxima atención.

Luis M. Martínez Otero y Manuel Molano Mazón



escrito el 5 de Junio de 2009 por en General

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2 Comentarios en El Arte es una droga

  1. fededs | 23-09-2009 a las 17:18 | Denunciar Comentario
    1

    El arte visto por neurocientíficos… ¡Ahí es nada!
    No sólo me ha parecido interesante, sino que me ha ayudado a entender cómo se percibe el arte en el cerebro (y me ha encantado que sea ta fuerte su efecto porque prescinde de lo superfluo).
    Ahora viene el más difícil todavía, que es intentar comprender cómo el arte también puede hacer daño. Y eso se verá, espero, dentro de poco en mi blog.
    ¿Y por qué no el vuestro?
    (Que es magnífico, por cierto.)
    Saludos.
    Fededs

  2. Hugo | 18-05-2010 a las 12:01 | Denunciar Comentario
    2

    Oye, ¿y qué pasa con el arte sonoro? Es decir, con la música. Podríais hacer una entrada sobre el tema…

1 Enlace externo en El Arte es una droga

  1. » punto de fuga | 19-10-2009 a las 15:57 | Denunciar Comentario
    1

    […] hablamos del “efecto pico” con Carla Bruni y Nicolas Sarcozy, comparamos el arte con las drogas, pusimos ejemplos, nos peleamos (de forma amistosa) con un filósofo, pusimos más ejemplos y hasta […]

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