Aprender a Pensar

Repensar la Educación

Manuel Molano

¿Mejor cuanto más cerca?

Los humanos pertenecemos a una larga línea evolutiva de animales sociales. El botellón, las visitas del Papa, las guerras, las vacaciones o incluso enfermar de gripe; la verdad es que rara vez hacemos algo solos. Y, es más, aunque a veces parezca increíble (como en el caso del botellón, por ejemplo) nuestras interacciones sociales están reguladas por un código mucho más estricto de lo que a simple vista parece. Por ejemplo, y aunque resulte paradójico, algo que nos molesta especialmente es que otra persona se acerque demasiado a nosotros. Obviamente esto dependerá de quién sea esa otra persona, del contexto en el que se produzca el acercamiento, de nuestro género, edad e incluso antecedentes culturales; pero en líneas generales todos tenemos un sentido muy desarrollado de nuestro “espacio personal”, y no nos gusta que se vea invadido por “extraños”.

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Los científicos lo han medido y, aunque es variable, suele estar alrededor de los 60 cm cuando alguien se aproxima a nosotros de frente. Si se acerca más comenzamos a sentirnos amenazados. Esto genera situaciones incomodas casi a diario. Una muy típica es cuando entramos en un ascensor, sobre todo en los que son muy pequeños o van muy llenos de gente. A menos que estemos protagonizando un anuncio de la colonia Brumel (mejor cuanto más cerca, ¿recuerdan?), es raro que al hacerlo nos situemos de frente a nuestro acompañante. Lo normal es que nos pongamos a su lado y que los dos evitemos mirarnos a los ojos concentrando nuestra atención de forma alternativa entre el techo y el suelo mientras manipulamos nerviosamente las llaves. La tensión puede llegar hasta tal punto que muchas personas sienten la necesidad de romper el silencio con conversaciones banales sobre el tiempo, por ejemplo. Eso normalmente basta para aliviar al común de los mortales. Las personas creativas como Alfred Hitchcock, por ejemplo, van mucho más allá. Su conversación de ascensor es todo un ejemplo de cómo aplicar los trucos del suspense a una situación cotidiana. Cuenta Peter Bogdanovich como una vez, estando con el genial director británico en un ascensor, este se abrió en una planta entrando un grupo de personas, momento que Hitchcock aprovecho para cambiar de repente la conversación. “La sangre había salpicado las paredes, se vació sobre el suelo, no dejaba de manar de su boca y su nariz”. A continuación, siguió dando detalles macabros y finalmente comentó: “Así que tuve que cogerle la cabeza y le pregunté qué le había pasado”. Justo en ese instante el ascensor llegó a la planta baja, se abrieron las puertas, nadie se movió. Hasta que tuvo que ser Hitchcock el primero en salir. Bogdanovich lo alcanzó enseguida: “¿Y entonces qué le dijo?”. “¿Qué me dijo quién?”, preguntó el director de Psicosis. “El de la sangre”, dijo Bogdanovich.
Pero bueno, ya me he ido otra vez por las ramas (característica también muy humana, por cierto). En realidad todo esto venía a que unos investigadores del California Institute of Technology, Caltech, acaban de descubrir que la amígdala, un conjunto de núcleos neuronales localizados en la región más medial y profunda de los lóbulos temporales del cerebro, participa directamente en la regulación de la distancia interpersonal en los humanos.
El descubrimiento es muy significativo porque la amígdala es una de las regiones de nuestro cerebro más antigua evolutivamente (ya hemos hablado de ella y seguiremos haciéndolo). Tradicionalmente se la ha relacionado, entre otras cosas, con nuestra capacidad para comprender el significado emocional (generalmente emociones negativas, como miedo, tristeza, etc) de una cara, una imagen, etc. Además, cambios en la estructura normal de esta zona del cerebro aparecen asociados con una gran variedad de trastornos neurológicos incluyendo el estrés postraumático, algunas fobias, pánico, depresión, esquizofrenia, autismo y un largo etcétera. No querría dar la impresión de que la alteración de la amígdala es la causa de estas enfermedades, pero sí es curioso que aparezca alterada en todas ellas. Como lo es el hecho de que prácticamente todas cursen con incrementos considerables de la ansiedad en los pacientes.
Estos investigadores americanos han descubierto ahora que, además, individuos con lesiones completas de la amígdala carecen de un sentido normal de espacio personal. Es decir, que cuando se relacionan con otras personas se muestran mucho más cariñosas que la media de la población normal, sintiéndose cómodos incluso a distancias tan pequeñas que les permitirían tocar la cara de su interlocutor con la nariz. Esto demuestra que la amígdala es necesaria para generar las reacciones emocionales tan fuertes que normalmente se producen ante violaciones de nuestro espacio personal.
Lo interesante es que el espacio personal no es simétrico a nuestro alrededor. Nuestro comportamiento en el ascensor lo demuestra. Y, sobre todo, puede ser invadido sin que nos enteremos. Y esto es algo que, como decíamos en entradas anteriores sobre el arte y los artistas, otros colectivos han descubierto antes que los científicos: los carteristas y los magos. Pero este es un tema que merece otra entrada…

Luis M. Martínez Otero y Manuel Molano Mazón



escrito el 7 de septiembre de 2009 por en General

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7 Comentarios en ¿Mejor cuanto más cerca?

  1. Marta | 15-10-2009 a las 16:54 | Denunciar Comentario
    1

    Qué interesante este post. Así que hay incluso una distancia establecida científicamente (60 cm). Llegué a pensar que era un poco especialita con esto de las distancias, incluso dentro de ese grupo de personas “de contacto cero”, y resulta que estoy dentro de lo normal.

    Por cierto, genial la anécdota del ascensor. Es de algún modo reconfortante tener la certeza de dos cosas: que a casi todo el mundo le incomoda tremendamente compartir ascensor y que en ratos “muertos” (como los del ascensor) se agradece una buena historia que haga olvidar lo incómodo de la situación.

  2. Jose Antonio Quirós Serna | 16-10-2009 a las 20:06 | Denunciar Comentario
    2

    uffff, ….

    Creo que a partir de ahora voy a dejar de visitar páginas como marca.com el mundo.es, etc … y dedicar mi cibertiempo a otros menesteres.

    ¡Qué blog tan interesante! En serio.

    Yo he leído algo de la amígdala y su relación con el miedo. Algo, que creo que está en cierta consonancia con lo que la entrada expone.

    La pregunta sería, si aceptamos el papel de la amígdala en “lo cerca que dejamos que los demás se pongan de nosotros” … alguien que controla dicha (natural) repulsión ¿qué neuronas o qué parte del cerebro utiliza?

    Un saludo.

  3. mmolano | 18-10-2009 a las 13:06 | Denunciar Comentario
    3

    Hola Marta,

    Muchas gracias por tu comentario. Está bien que la ciencia nos ayude a comprender por qué nos comportamos como nos comportamos, y así nos sintamos más normales…
    Y la táctica que utiliza Hitchcock para pasar el mal rato del ascensor es mucho mejor que hablar del tiempo que hace… Pero no creo que todos estemos capacitados para ella. Me temo que yo seguiré hablando del sol de Alicante durante esos eternos 40 segundos (¡los he cronometrado!) que tarda el ascensor en llegar al séptimo piso .

    ¡Gracias otra vez por el comentario!

    thegraymatters

  4. mmolano | 18-10-2009 a las 13:12 | Denunciar Comentario
    4

    Hola Jose Antonio,

    Digamos que lo que hacen las neuronas de la amígdala es activarse, ‘disparar’, cuando nos acercamos demasiado a una persona. Si tu pregunta va en la dirección de “¿quién toma la decisión de no acercarse más?”, siento decirte que no tiene una respuesta clara (como creo que has visto en otras entradas: http://thegraymatters.aprenderapensar.net/2009/09/13/un-juego/).
    Hablaremos más de la amígdala en otras entradas…

    Muchas gracias por tus comentarios.

    thegraymatters

  5. mmolano | 18-10-2009 a las 13:20 | Denunciar Comentario
    5

    De hecho ya hemos hablado de la amígdala y su relación con los impresionistas… ¡Ahí es nada!

    http://thegraymatters.aprenderapensar.net/2009/07/03/la-segunda-impresion/

  6. Jose Antonio Quirós Serna | 18-10-2009 a las 16:59 | Denunciar Comentario
    6

    Muchas gracias por contestarme.

    No preguntaba por las neuronas que toman la decisión de no acercarse más, en realidad, … intentaba enmascarar mi pregunta

    Mi pregunta es; si la amígdala se activa y sentimos miedo, ¿qué neuronas se activan cuando alguien “en contra del miedo” que siente decide seguir adelante?

    PD.Como probablemente no dispondréis de mucho tiempo para estas cuestiones, gracias no solo por contestarme, sino por leerme.

  7. mmolano | 20-10-2009 a las 15:37 | Denunciar Comentario
    7

    Pero se trata siempre de una cuestión de quién toma la decisión, ¿no? Es decir, se tome la decisión de seguir adelante o de no hacerlo, tu pregunta va en la dirección de saber dónde se toman las decisiones en el cerebro, ¿no? Corrígeme si me equivoco…

    P.D. Se me ocurre, de todas formas, que quizás la decisión de acercarse más requiere de un nivel de consciencia mayor, ya que vas en contra de tu instinto… Pero me temo que no hay demasiadas respuestas para ninguna de las 2 preguntas…

    thegraymatters

3 Enlaces externos en ¿Mejor cuanto más cerca?

  1. » all you need! | 02-10-2009 a las 17:16 | Denunciar Comentario
    1

    […] de tristeza y depresión. Otra área que veía disminuida su actividad era la amígdala que, cómo ya hemos contado, está relacionada con el sentimiento de miedo y los sistemas de […]

  2. 2

    […] al menos otras 2 vías que todavía pueden estar funcionando. Una de ellas llega a la amígdala (que ya es como de la familia) y la otra al colículo superior, que está implicado en el control del movimiento de los ojos y […]

  3. » el miedo | 21-09-2011 a las 17:55 | Denunciar Comentario
    3

    […] amígdala es un núcleo profundo del cerebro que participa en el procesamiento de las emociones, en la regulación de la distancia interpersonal entre humanos, en el amor (se inhibe cuando vemos a la persona amada)… Participa en tantas cosas y hemos […]

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