Aprender a Pensar

Repensar la Educación

Manuel Molano

Aprender a llevar la contraria

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Para continuar con el aire subversivo de la última entrada, hoy aprenderemos a desobedecer a la autoridad, a la competente y a la incompetente.
Y es que, después de los experimentos sobre conformidad que realizó Solomon Asch, en esta entrada hablaremos de otro experimento que quizás va un poco más allá. Lo llevó a cabo Stanley Milgram, que había trabajado en el laboratorio del propio Asch, pero que parecía aburrirse haciendo preguntas banales a estudiantes inseguros. Así que decidió obligar a sus sujetos a torturar a otros sujetos. Él lo explicó así en su artículo “Los peligros de la obediencia” de 1974:
“Monté un simple experimento en la Universidad de Yale para probar cuánto dolor infligiría un ciudadano corriente a otra persona simplemente porque se lo pedían para un experimento científico”

Así de simple. En cada experimento participaban 3 personas: el experimentador, un falso sujeto (compinchado con el experimentador) y uno verdadero. Oficialmente, cada uno de ellos adoptaba un papel: el verdadero sujeto del experimento era el maestro, que tenía que hacer preguntas al alumno (el falso sujeto) y corregirle cada vez que se equivocaba mediante descargas eléctricas que iban aumentando en intensidad con cada respuesta errónea. El interrogado, obviamente, también incrementaba sus quejas y gritos a medida que las descargas se hacían más fuertes… Todo era mentira, pero el sujeto de verdad no lo sabía.
Y resultó que las cosas eran mucho más crudas de lo que el propio grupo de Milgram había previsto. El 65% de los sujetos llegaron a administrar la descarga máxima, 450 voltios. Teniendo en cuenta que antes de llegar a dicha descarga, el alumno se había quejado, había gritado, había golpeado el cristal pidiendo terminar con el experimento y finalmente, con la descarga de 300 voltios, había dejado de responder a las preguntas mostrando estertores previos al coma, no es de extrañar que Milgram y los suyos se sorprendieran.
¿Cómo aquellos sujetos podían ser tan brutos? ¿Había acaso alguien amenazándoles? ¿Temían por su vida? Bueno, en realidad el experimentador se limitaba a indicarles que continuasen con el experimento con las siguientes frases:
• Continúe, por favor.
• El experimento requiere que usted continúe.
• Es absolutamente esencial que usted continúe.
• Usted no tiene opción alguna. Debe continuar.
Nada de amenazas…
Los estudios de Milgram se llevaron a cabo en julio de 1961, 3 meses después de que se condenara a muerte a Adolf Eichmann por crímenes contra la humanidad durante el régimen nazi… ¿Cómo de culpable era el señor Eichmann? ¿Cómo de culpables eran los soldados alemanes que apretaban el gatillo contra personas inocentes? Todos recibían órdenes. Según los experimentos de Milgram, el 65% de la población sería capaz de aplicar una descarga eléctrica de 450 voltios a alguien que parece estar al borde del coma, si esto es necesario para un experimento científico. Así que, si pensamos en el ambiente que consiguió generar el gobierno nazi a través de la propaganda en la Alemania los años treinta, no parece tan difícil que el soldado alemán apretase el gatillo, por lo menos una vez…
Pero, si ya lo has apretado una vez, por qué no ibas a hacerlo de nuevo bajo las mismas condiciones. Dejar de hacerlo supondría asumir tu error previo, supondría asumir que podrías haber evitado la primera muerte. Así que el soldado alemán simplemente decide que lo que ha hecho es lo que había que hacer…
Como dijo Dan Quayle, que de alguna forma extraña llegó a ser el 44º vicepresidente de los Estados Unidos:
I stand by all the misstatements that I’ve made (me reafirmo en todos los errores que he cometido)
En la próxima entrada hablaremos un poco más sobre ese pequeño ‘clic’ en la cabeza del soldado alemán, que le convence de que está haciendo lo que hay que hacer.

Luis M. Martínez Otero y Manuel Molano Mazón



escrito el 10 de noviembre de 2009 por en General

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3 Comentarios en Aprender a llevar la contraria

  1. Jose Antonio Quirós Serna | 10-11-2009 a las 23:35 | Denunciar Comentario
    1

    Según ese estudio, 13 de cada 20 personas llegarían a poner en riesgo la vida del sujeto o no dudarían en matarlo. Con estos datos, suponiendo que se pudieran inferir a toda la población, me inunda la tristeza.

    No sé si 50 años después se mantendrán esos resultados, pero en cualquier caso, que seamos tan obedientes da pánico.

    Si nos atenemos a estos experimentos, la Historia de la Humanidad no ha cambiado tanto desde los mayas, que tan magistralmente nos mostró Mel Gibson en Apocalypto, hasta hoy en día.

    Gracias por ser tan subversivos.

  2. Efrén | 02-12-2009 a las 14:21 | Denunciar Comentario
    2

    Hola!

    Ese experimento es flipante! :O La verdad es que resulta asombroso el porcentaje tan alto de “torturadores”… Pero me gustaría ser un poco más optimista respecto al ser humano, y pensar que habría que hacer experimentos con distintas culturas, o que habría que ver qué sucedería si se hiciese el mismo experimento en un contexto en que los sujetos no pudiesen justificarse en la ignorancia (como en este caso, con el “experimento científico” que era un engaño) además de en la obediencia. Porque los sujetos podrían haber pensado: “no lo comprendo, pero si lo dice el tío de la bata será porque es verdad y necesario”.

    En fin, da que pensar 🙂

    Buen blog!

    E

  3. mmolano | 02-12-2009 a las 14:35 | Denunciar Comentario
    3

    Hola, tienes toda la razón, en realidad los sujetos son obedientes porque consideran que el tió de la bata está por encima de ellos… Es como en el experimento de Solomon Asch (http://thegraymatters.aprenderapensar.net/2009/11/05/aprender-a-ensenar-a-pensar/) en el que los estudiantes pensaban: “estos tíos tan listos dicen esto, no pueden estar todos equivocados “…

    Gracias por el comentario!

    thegraymatters

4 Enlaces externos en Aprender a llevar la contraria

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    […] fuerte tenían un buen motivo para no hacer caso a sus deseos: el duro castigo. Así, siguiendo la teoría que había propuesto Milgram en su día, los miembros del grupo A se “cosificaban”, responsabilizando de sus actos a un […]

  4. » hacerse el sueco | 09-12-2009 a las 10:45 | Denunciar Comentario
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    […] ahora en serio, lo cierto es que, mirando atrás, y al contrario de lo que sucede en otros casos de disonancia cognitiva, él no mostraba ningún signo aparente de ser consciente de que ese conflicto existía. Así que, […]

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