lo que pasa en tu cerebro cuando tú no estás
Hace ya tiempo, hablamos de un estudio en el que unos tipos con bata blanca con ayuda de una máquina eran capaces de saber la decisión que íbamos a tomar, hasta 7 segundos antes de que nosotros mismos fuésemos conscientes de dicha decisión. Y es que hay cosas que pasan en nuestro cerebro sin que nosotros nos enteremos, pero de las que somos del todo responsables ¿quién si no?

Otra de las actividades en la sombra que tiene nuestro cerebro es la de percibir estímulos (visuales, auditivos, etc) y cambiar nuestro comportamiento en función de ellos, sin que nosotros (nuestro yo consciente) lo sepamos. Quizás la publicidad subliminal es la forma más gráfica de explicar cómo funciona nuestra percepción inconsciente del mundo, ya que, desde el punto de vista publicitario, no existe nada más efectivo que decirte que compres algo sin que tú te des cuenta de que te lo estoy diciendo; es una forma muy sutil de manipulación. Si buscáis en google, encontraréis muchos ejemplos de este tipo de publicidad (la mayoría de ellos relacionados con el sexo), pero yo he querido mostrar la entrañable escena de más arriba, perteneciente a la serie de televisión “Médico de familia”. En ella se ve a Emilio Aragón mostrando todo su talento interpretativo junto con una niña rubia que debía de ser su hija y un niño chino (o una niña china, no nos hemos puesto de acuerdo en el laboratorio), que supongo no era su hijo. La cosa es que, sin que entendamos muy bien por qué, la escena original nos provoca la irrefrenable necesidad de beber leche Puleva…
Pero, para explicar mejor cómo pueden llegar a influirnos estímulos que ni siquiera sabemos que estamos percibiendo, creo que hay un ejemplo mejor que el de la publicidad subliminal. Y es que existe gente que cree “no ver” en absoluto, pero que es capaz de actuar en función de estímulos visuales: sí pueden “ver” (al menos algunas cosas) pero no son conscientes de ello.
Es lo que los neurocientíficos y neurólogos llaman “blindsight”, “mirada ciega”, y puede darse en personas que, por el motivo que sea, pierden la corteza visual primaria, que se encuentra en la parte occipital del cerebro (la parte de atrás). Estas personas han perdido la vía consciente del sistema visual, pero existen al menos otras 2 vías que todavía pueden estar funcionando. Una de ellas llega a la amígdala (que ya es como de la familia) y la otra al colículo superior, que está implicado en el control del movimiento de los ojos y del cuello para que este se produzca de forma coordinada. Para que entendáis la importancia de esta segunda vía os propongo un juego:
Paso 1. Coge un bolígrafo y muévelo delante de tu cara intentando seguirlo con los ojos. Cuanto más deprisa movemos el bolígrafo más complicado es seguirlo, hasta que llega un momento en el que no podemos hacerlo.
Paso 2. Ahora deja fijo el bolígrafo delante de la cara y mueve la cabeza como si dijeras “no” intentando mirarlo todo el rato.
Si todo ha salido bien y no habéis oído un clack mientras movíais la cabeza, como le ha pasado a alguno en nuestro laboratorio, os habréis dado cuenta de que la velocidad que podéis alcanzar en el paso 2 sin dejar de ver el bolígrafo es mayor. Y eso es porque el movimiento de la cabeza está muy bien coordinado con el de los ojos. El colículo está haciendo bien su trabajo…
De cómo hacen aquellas personas para ver sin ver, esquivando sillas y demás obstáculos y de para qué les sirve la vía que llega a la amígdala, hablaremos en la próxima entrada. Ahora os dejamos descansar después de todo el ejercicio que habéis hecho con el juego anterior.
Luis M. Martínez Otero y Manuel Molano Mazón



