Aprender a Pensar

Repensar la Educación

Manuel Molano

mentira número 4 y medio

Tras una semana de reflexión, hoy acabaremos con nuestra mentira número 4, que giraba en torno a un síndrome, el Síndrome de Capgras. Si recordáis, las personas que sufrían esta enfermedad, no eran capaces de reconocer a personas cercanas. Sí admitían que eran muy parecidas, pero creían que eran impostores. Y, como dijimos, la enfermedad existe. Hasta ahora no hemos dicho nada que no sea cierto. Pero ahora (que vamos despacio) vamos a contar mentiras:

Una de las explicaciones más extendidas para el Síndrome de Capgras está basada en el Complejo de Edipo. Simplificándolo mucho, el Complejo de Edipo viene a decir que, más o menos entre los 3 y los 6 años, todos nos sentimos atraídos por nuestro progenitor del sexo opuesto y odiamos al de nuestro mismo sexo. Luego, el desarrollo del superyo consigue acallar estos extraños sentimientos, llevándolos quizás a un nivel subconsciente. El Complejo de Edipo forma parte de la teoría del psicoanálisis fundada por el señor Sigmund Freud a principios del siglo veinte.
Ahora, para ponerlo todo en términos neurocientíficos, lo que Sigmund llamaba “desarrollo del superyo” podría ser entendido como el desarrollo de la corteza prefrontal, que es el área del cerebro que se ocupa de las funciones cerebrales más complejas como la planificación, la toma de decisiones, la memoria operativa… y por ello, es la parte del cerebro que se ocupa, entre otras cosas, de reprimir nuestros deseos más básicos, como hace el superyo.
Así que, conociendo la teoría del psicoanálisis y encontrándose con un señor que había sufrido una lesión cerebral y que desde entonces aseguraba que una señora había suplantado a su verdadera madre, un médico/alguien utilizó su capacidad de raciocinio para deducir lo siguiente: “este hombre ha perdido la corteza prefrontal o parte de ella, que es la que se ocupa de acallar todos sus deseos más inconfesables, entre ellos el de querer acostarse con su madre. Este hombre por tanto, y de forma repentina, se siente atraído por su madre. Ante la imposibilidad de aceptar tal sentimiento, la única solución que el cerebro de este hombre encuentra al conflicto es que su madre no sea su madre, sino una impostora que finge serlo.”
Es muy ingenioso. Y supongo que por eso esta explicación todavía se sigue contando. Se sigue contando incluso aunque no resista ni a la primera pregunta que a uno se le ocurre: ¿y qué pasa entonces con la señora que no reconoce a su marido?
La verdadera explicación la da Ramachandran en el vídeo que vuelvo a recomendaros. Como él dice, todo se debe a un problema de conexión entre el área fusiforme del cerebro y la amígdala. ¿Qué son estas cosas? Diréis. Pues la primera, es la parte del cerebro que se encarga del reconocimiento de las caras. Si pensamos un poco en ello, la capacidad para reconocer rápidamente a una persona que se aproxima, es básica en términos evolutivos. Es por ello que la evolución decidió que aquellos seres que no dedicasen casi de forma exclusiva una parte del cerebro a esta tarea pereciesen tratando de decidir si conocían o no al tipo que les golpeaba con saña con un palo.
De la amígdala sólo diré que está muy relacionada con las emociones. Todo lo que queráis saber de más está en estos links: 1, 2, 3.
Así pues, cuando las conexiones entre el área fusiforme y la amígdala se dañan, el cerebro es incapaz de darle el sentido emocional a las caras que reconoce. Y por lo tanto, la señora sí reconoce a su marido, pero no siente lo que sentía antes al verlo.
Es justo lo contrario de lo que pasa con los amantes del cuadro de más arriba, de Magritte: no se reconocen, pero sí sienten todo lo demás. Que es lo importante.
Gracias por las espera. Otro día, más cosas.

Luis M. Martínez Otero y Manuel Molano Mazón



escrito el 23 de abril de 2010 por en General

etiquetas: , ,


1 Comentario en mentira número 4 y medio

  1. Efrén | 28-04-2010 a las 13:11 | Denunciar Comentario
    1

    Hola!! Me han parecido superguais las entradas de mentiras. ME las he leído seguidas como si de un buen libro se tratase 🙂 Pero esta última explicación (y lo pregunto porque no he escuchado el vídeo) del síndrome de Capgras, ¿ha sido demostrada de alguna forma? Me pica la curiosidad, porque la explicación parece muy lógica, pero relacionando partes del cerebro, a cualquiera se le puede ocurrir una explicación plausible, no? … ¿o no?

    saludetes! 🙂

Escribe un comentario

Recuerda que:
  • Las opiniones aquí expresadas serán responsabilidad tuya, y en ningún caso de Aprender a Pensar
  • No se admitirán comentarios que vulneren lo establecido por las leyes y por las Normas de uso de este sitio
  • Aprender a Pensar se reserva el derecho de eliminar los comentarios que considere inadecuados
Los datos serán tratados de acuerdo con lo establecido en la Ley Orgánica 15/1999 de 13 de diciembre de Protección de Datos de Carácter Personal, y demás legislación aplicable. Consultar nuestra Política de Privacidad
Aprender a Pensar