Aprender a Pensar

Repensar la Educación

Manuel Molano

Ir o no ir (al cine)

¿Por qué ir al cine cuando puedes ver cualquier película en internet, gratis y sin tener que salir a la fría calle? ¿Por qué ir al Bernabéu, si desde casa se ve el partido mucho más cómodo y desde todos los ángulos posibles? ¿Por qué ir a un concierto cuando puedes escuchar la misma música en casa, con mucha mejor calidad y tomándote un gintonic tranquilamente? Quizás muchos de vosotros podríais contestar a estas preguntas fácilmente: por comer palomitas, para insultar al árbitro (y que me oiga), porque ver un concierto en directo es siempre mucho mejor que escucharlo en tu casa… Pero es verdad que en la actualidad tenemos siempre la posibilidad de elegir entre asistir a un espectáculo o verlo/escucharlo/sufrirlo (si eres del atleti) desde casa. Y con el ritmo que lleva la tecnología, cada vez tu casa se parecerá más a un estadio, una sala de cine o a una de conciertos. ¿Llegará el día en el que se acaben los cines o en el que los estadios de fútbol ya no sirvan ni para los conciertos de Shakira?

Hoy en thegraymatters, no vamos a responder a esta pregunta, que dejaremos como “deberes para casa”, pero sí vamos a decir algo sobre los museos de arte, porque la misma duda se cierne sobre ellos. ¿Para qué ir al Museo del Prado si puedo ver todas las pinturas negras de Goya desde casa, sólo con poner en Google “pinturas negras goya”?

Pues bien, resulta que un estudio publicado este mismo año revela que no es lo mismo ver un cuadro en la pantalla de tu ordenador que verlo en el museo. Por lo menos no en algunos aspectos. El trabajo fue llevado a cabo por el laboratorio de Rodrigo Quian Quiroga (del que hemos hablado mucho en este blog porque es uno de los autores del trabajo en el que se descubrió “la neurona de Jennifer Aniston“) en una colaboración con la Tate Gallery de Londres. Durante el experimento, se pidió a los participantes que explorasen el cuadro que hemos puesto al comienzo de la entrada. Se trata de Ophelia de John Everett Millais, pintor inglés del siglo XIX que fundó (junto a otros) el Prerafaelismo, con el que quería reivindicar  la vuelta a los valores pictóricos anteriores al pintor italiano Rafael.

Bueno, como decía el experimento consistía en que los sujetos simplemente explorasen por unos minutos el cuadro de Ophelia con unas gafas como las que lleva esta chica tan maja de la derecha. Gracias a ellas, los científicos podían saber dónde estaba mirando cada sujeto en cada momento. Es lo que se llama un Mobile Eye Traker (algo así como seguidor de ojos móvil).

Catorce fueron las personas que participaron en este estudio, 6 de ellas en la Tate Gallery viendo el cuadro original y las 8 restantes en el laboratorio viendo el cuadro en una pantalla de 1024×768 pixels.

¿Y qué pasó? Pues pasó que los dos grupos exploraban el cuadro de manera muy distinta: los visitantes del museo se fijaban mucho más en las partes del cuadro que no correspondían al cuerpo de Ofelia, es decir, en el contexto, que los visitantes del laboratorio. Y viceversa.

Así que no, no es lo mismo ver un cuadro en el ordenador que en un museo. Entiendo que esto es algo que a todos nos podría parecer lógico, pero ¿por qué esas diferencias tan grandes en los focos de interés de los dos grupos? ¿por qué unos miran al cuerpo de Ofelia y los otros al resto del cuadro?

No está muy claro, pero lo que sí está claro es que no podéis reemplazar una visita al Museo del Prado por una búsqueda en Google. De la misma forma que no podéis reemplazar la charla que Rodrigo da mañana en la CosmoCaixa de Madrid por esta escueta explicación que os acabamos de dar. Os dejo aquí las señas:

¿Dónde vive la belleza? Una mirada científica sobre el arte.

Martes 18 de octubre  19.30 h

CosmoCaixa Madrid

Pintor Velázquez, s/n

28100 Alcobendas, Madrid

Luis Martínez Otero y Manuel Molano



escrito el 17 de Octubre de 2011 por en General

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6 Comentarios en Ir o no ir (al cine)

  1. mmolano | 17-10-2011 a las 11:55 | Denunciar Comentario
    1

    Existe una explicación para la última pregunta que lanzamos, que a nosotros nos parece bastante factible. La idea es que los sujetos que están viendo el cuadro en la pantalla del ordenador no tienen ninguna información acerca de la textura del cuadro. Es decir, no pueden ver las pinceladas. Por ello, lo único que les llama la atención es el contenido semántico del cuadro: Ofelia. Y por ello sólo la miran a ella. Sin embargo, existen muchas más cosas que apreciar (al menos en esta obra artística), que los sujetos del museo sí pueden apreciar. y de hecho, parecen darle más importancia a estos asuntos que a la protagonista principal.

  2. Jose | 18-10-2011 a las 22:35 | Denunciar Comentario
    2

    Pues es muy interesante, la verdad, lo que señaláis, ya que ambas imágenes son la misma y sin embargo las partes de las que están compuestas parecen no despertar el mismo interés. Tanto vuestro comentario sobre la textura del cuadro como el titular al final de la página 3 en el estudio de Quian, “al acercarnos al cuadro vemos pinceladas y al acercarnos al ordenador vemos píxeles”, podrían señalar una explicación. Pero yo también creo que el “entorno” quizás -no sé- nos podría influir en cierto modo en nuestro acercamiento o análisis de la pintura. Desconozco todos los detalles del experimento, pero intento imaginarme a mí mismo en una sala de un museo, en silencio, en el que el resto de los cuadros no me “despistan” y con una amiga, por ejemplo, a mi lado en similar actitud contemplativa y, una situación en la que estoy en mi habitación con un portátil y otra gente en el salón viendo la televisión “despintándome” y supongo que no los escudriñaría igual.

    En fin que, como siempre, es muy interesante leeros.

    Por cierto, qué cara de afables y buenas personas la de los neurocientíficos en el laboratorio. Qué raro que ese potencial “cerebril” no haya derivado estudiando económicas y fundando bancos con beneficios hipermegamultimillonarios. -Esto último es sólo un chiste- 🙂

    Un saludo.

  3. mmolano | 19-10-2011 a las 9:57 | Denunciar Comentario
    3

    Hola Jose,

    En realidad, para que la experiencia fuese igual, tendrías que estar allí, en el museo… o quizás, en el futuro se pueda conseguir una visita guiada a cualquier museo del mundo sin moverse de casa, gracias a la realidad virtual.
    Pero de momento, las dos experiencias están muy lejos. Sobretodo si piensas en cuadros como Las Meninas de Velázquez que miden 3 metros de alto por 2 de ancho. ¿Cómo vas a reproducir esas proporciones en un ordenador?

    thegraymatters

  4. mmolano | 19-10-2011 a las 9:59 | Denunciar Comentario
    4

    Por cierto, en el experimento, los autores dicen que el cuadro original es solo un poco más grande que el que se puede ver en la pantalla del ordenador del laboratorio…

  5. María Hernández | 21-10-2011 a las 11:05 | Denunciar Comentario
    5

    También le plantée la misma duda al profesor Quian Quiroga en su conferencia. ¿Cómo nos influye el entorno? La luz, el ambiente, las proporciones de la sala y el estado de abstracción o de alerta al no estar solos. Creo que deberían reproducir el experimento del laboratorio en el museo para que fuera comparable. Por lo demás la conferencia me pareció muy buena y lamenté que no tuviera tiempo de hablarnos sobre Borges y la memoria.

  6. mmolano | 21-10-2011 a las 13:36 | Denunciar Comentario
    6

    Pero piensa que el experimento estaba pensado para comparar una visita virtual al museo y una real. Yo creo que, mas que llevar el ordenador al museo, quizás un mejora sería realizar el experimento en el ambiente en el que te encontrarías en tu casa haciendo esa visita virtual. De otro modo, es muy probable que siempre se pudiesen conseguir condiciones casi idénticas para la mayoría de los cuadros, ya que todo consistiría en poner una pantalla en exactamente el mismo sitio en el que está el cuadro, de su mismo tamaño, con resolución suficiente para que no vieses los pixels al acercarte… Al final, para muchos cuadros la experiencia sería prácticamente idéntica ¿no?

    gracias por tu comentario.

    thegraymatters

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