Aprender a Pensar

Repensar la Educación

Manuel Molano

pintando para las cucarachas

Paisajes como el que podéis ver aquí arriba (del pintor alemán Caspar David Friedrich) están presentes en cientos de postales, calendarios, felicitaciones y obras pictóricas. ¿Por qué tienen tanto éxito estas imágenes? ¿por qué muchos de nosotros utilizamos nuestros pocos días de vacaciones para pasar una semana en la montaña? Levantarse temprano, rascarse las picaduras de los mosquitos, andar (mucho), sudar, torcerse al menos un tobillo, quemarse, quedarse sin agua y casi morir deshidratado… ¿Por qué nos gusta esto?

Esta entrada debería haber sido una respuesta a todas las preguntas/objeciones/quejas que se os ocurrieron ayer después de leer esto de aquí, donde explicábamos la teoría darwinista de la belleza elaborada por Denis Dutton. Sin embargo hoy, y pasando por alto los principios más básicos de toda discusión, haremos oídos sordos a vuestros comentarios y echaremos más leña al fuego. Y luego ya lo discutimos todo junto.

Bien, vuelvo a la pregunta de más arriba: “¿Por qué nos gustan paisajes como el del cuadro que decora esta entrada?” Si os acordáis, durante su charla, el señor Dutton nos da una posible respuesta a esta pregunta. Bueno, más que darnos una respuesta, describe el paisaje de tal forma que entendemos de inmediato cual es su hipótesis acerca del asunto. La descripción es la siguiente:

“Un paisaje en el que podemos ver árboles (preferiblemente con ramas cerca del suelo que nos ayuden a trepar a ellos para huir de algún depredador), la presencia de agua o al menos la evidencia de esta en la lejanía, animales terrestres o aves, además de vegetación y un camino o un sendero que se extiende en la distancia  casi invitándote a entrar”

Es decir, este tipo de paisaje nos atrae porque reúne todos los requisitos necesarios para nuestra supervivencia: comida, agua, seguridad (en los árboles), accesibilidad. Y hemos aprendido a apreciarlo porque es útil para nosotros. Porque cuando nuestros ancestros, los Homos (en general), buscaban una nueva zona dónde asentarse, el hecho de que les atrajese este tipo de paisajes les supuso una ventaja con respecto a aquellos que se sintieron atraídos por los desiertos, que murieron intentando comer cactus… Selectividad natural simple y llanamente.

Bien, llegados a este punto (y aunque casi podemos oír vuestros ‘peros’ desde aquí) nos planteamos que, si es verdad que nos sentimos atraídos por ciertos paisajes porque suponen la satisfacción de todas nuestras necesidades básicas, lo mismo debería pasarle a otros animales ¿no? De hecho, durante su charla, Dutton habla de que la hembra del Homo Ergaster se basa en la calidad del hacha achelense para inferir cualidades tales como ‘habilidad, destreza, inteligencia, capacidad para conseguir materiales raros’. Esto me llamó mucho la atención, porque nosotros hablamos en términos muy parecidos (aquí) al explicar que la hembra del pájaro Ptilonorhynchidae (con perdón) escoge a su pareja en función de su capacidad para generar un nido en el que las piedras se organicen de menor a mayor. Me cito a mi mismo, citando a otros:

Y así, el Ptilonorhynchidae será examinado por la Ptilonorhynchidae, que estudiará la perspectiva forzada que ha creado su pretendiente para (según los autores) juzgar cualidades como “la habilidad cognitiva necesaria para conseguir la perspectiva forzada, la experiencia y la edad necesarias para aprender a construir un buen nido, la habilidad para robar ornamentos que varíen mucho en tamaño, permitiendo así una mejor perspectiva, habilidad para prevenir el robo de estos ornamentos”

Entonces, la pregunta es ¿le parece a la pájara bonito el nido que ha hecho su admirador? ¿Es ese nido arte para los Ptilonorhynchidaes? Supongo que, si nos convence la teoría del señor Dutton, la respuesta es sí.

Siguiendo con esta idea, pero a la vez volviendo a lo que discutíamos al principio de la entrada (lo de los paisajes y eso), thegraymatters ha creado la primera obra pictórica para cucarachas de la historia del arte para cucarachas:

Dutton lo describiría así: “Un paisaje en el que se aprecia la presencia de comida o al menos la evidencia de esta, con fácil acceso, resguardado del la luz y de posibles depredadores”.

Luis Martínez Otero y Manuel Molano



escrito el 24 de octubre de 2011 por en General

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1 Comentario en pintando para las cucarachas

  1. Jose | 25-10-2011 a las 15:42 | Denunciar Comentario
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    Sigo sin estar de acuerdo con la tesis que propone el texto.

    Admito que me gustan determinados paisajes -de hecho me gustan mucho y suelo andar en pos de fotografiarlos- e incluso, que me gustasen porque, en parte, nuestros ancestros veían en sus características como el agua, los árboles con las ramas bajas o los animales mucha utilidad para sobrevivir. Probablemente hayamos heredado “algo” en este sentido, pero de ahí a concluir que la fascinación que me producen es fruto de esa herencia, no sé, creo que debe haber mucho trecho. La visión de los árboles, los animales o el camino no es para mí nada útil a tener en cuenta. Útil hoy día serían otros lugares con diferentes características o “comodidades”. El paisaje del monte me resulta bello, un apartamento en Manhattan me resultaría útil.

    Además, no sé si de igual modo estaremos confundiendo o mezclando supervivencia y belleza en los ejemplos de la hembra del Homo Ergaster y la del Ptilonorhynchidae.

    En última instancia estaría lo que dije en mi comentario al post anterior; la belleza de la música de Mozart versus la del Regueaton y la belleza del dibujo de un niño versus la de Las Meninas de Velázquez, que serían aspectos todavía más farragosos de analizar.

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